Archivo de enero de 2009
Hace unos meses terminé el Componente Docente dictado en la Universidad Nacional Abierta.
Muchas eran las expectativas, principalmente que lo abrieran ya que tenía mucho tiempo esperando que lo hicieran, además de que es uno de los “supuestos” requisitos que solicitan para dar clase en la Universidad, aunque la realidad es que si tienes un buen apoyo pues… las puertas se abren de par en par, sin necesidad de una preparación como ésta.
La experiencia en el Componente realmente sobrepaso las expectativas iniciales, desde el Coordinador del curso Alberto Crespo, pasando por los facilitadores y terminando por el gran grupo de (ahora) colegas.
Como siempre existieron roces entre algunos de los miembros del grupo pero estoy segura que eso a la final hace que en medio del aprendizaje académico obtengamos un gran aprendizaje personal. No es fácil estar aprendiendo técnicas de manejo de grupos cuando en el mismo instante estas viendo como grupos se pueden disolver… creo que hasta hace más eficiente la enseñanza.
Al cierre del curso todos dijeron palabras muy hermosas del tiempo juntos y, como es lógico en estos momentos, nadie hablo de las cosas que en algún momento molestaron, pero lo interesante es que estoy segura que todos lo internalizamos.
Dicho esto solo me quede agradecer a:
Alberto Crespo (Coordinador)
Alejandro Ardila
Ali Tovar
Danny Rodriguez
Edgar Maestre
Enaly Pachano
Greisy Marrero
José Zambrano
Luis Fuentes
Maria Isabel Rodriguez
Mary
Miriam Escobar
Nerys López
Julieta Martínez
Sandra Vasquez
Urquía Martínez
Washirys Longa
Yusmely Perdomo
y los que siempre serán de este grupo: Josmell Chavarri y Fernando Salas.
A todos, éxitos en sus nuevas metas no solo en un aula de clases, ya que las técnicas aprendidas nos sirven para cada momento de la vida y para relaciones laborales y familiares. Un gran abrazo.
Hace poco me consultaron sobre esta posibilidad, realmente no la conocía. Como me pareció interesante y tal vez a alguien le puede servir pues ahí va:
Ante todo debo afirmar y recordar que nunca le he tenido gusto a las motos, por el contrario siempre han sido motivo de miedo más que de respeto. Esto es casi seguro al terror que mi mamá y mi papá se encargaron de sembrarme.
Pues como siempre… tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe: hoy tuve mi primera caída en una moto.
Realmente puedo contar con los dedos de la mano las veces que me he montado en una y las últimas han sido en compañía de alguien a quien le tengo mucha confianza, pero a veces la confianza y la experiencia no lo son todo.
Con la “última” remodelación que sufrió la Plaza Alfredo Sadel en Las Mercedes crearon una espectacular calle para el uso y disfrute de las motos y que tengan así toda la libertad de patinar – resbalarse – volcarse con mayor facilidad que en otras calles de Las Mercedes, y si esta húmedo pues… a la orden del día.
Pasando por este pedazo realmente sentí que era inevitable que nos cayeramos. Tengo “flashes” de como deje de ver a Julio, como comencé a ver como me acercaba al pavimento y como mi cerebro intentaba hacer que mi cuerpo se moviera rápido para evitar ser atropeyada por la camioneta que venía justo detrás de nosotros.
¿Sabes eso que dicen que la vida te pasa en tres segundos cuando estas en peligro? es impresionantemente real… vi muchas cosas de cuando era una niña, épocas que para mi marcaron mi vida, vi a mi hermosa madre y puedo afirmar que mi último pensamiento antes de sentir el pavimento fue José: valgame… cómo asumiría que tuve un accidente estando él a tantos kilómetros de distancia.
Por unos momentos no pude moverme, más por el pánico que sentía que por alguna fractura o herida. De alguna manera debo agradecer que los ocupantes de la camioneta eran paramédicos así que tuve la mejor atención inmediatamente.
No pare de llorar por un buen rato, solo escucha que decían que mi caída fue “limpia” y que no debía tener fracturas, Julio pidiéndome perdón por un accidente que no fue su culpa, los policías queriendo que me parara pronto para que el flujo del tráfico continuara y el típico problema entre el gremio de motorizados buscando el culpable. Ni siquiera supe cuando Julio quitó la moto del medio y no recuerdo como de pronto estaba sentada en uno de los banquitos frente a El Tolón.
Los momentos siguientes fueron de nivelación de la adrenalina, hacerme consciente de la sangre y del dolor.
Gracias a Dios todo lo que tengo son solo golpes y heridas excelentemente atendidas por mi suegra y mi reposo ha sido atendido por mi suegro. Gracias a Dios que los tengo a ellos y en cuestión de minutos llegaron al sitio del accidente a buscarme.
Las heridas curarán tarde o temprano, el amor por José y por nuestras familias (Parrella Romero y Filippi Sánchez) creció aún más, la amistad por los amigos pendientes (en especial Julio y Marina) y el shock pasará… costará un poco, pero pasará.