Archivo de febrero de 2009
Creo que uso lentes desde… que tengo memoria. La semana anterior a El Caracazo tuve la “dicha” de ser un miembro más de mi familia: al usar mis primeros lentes. Esta foto es de esa época.
Desde los 20 años tuve en mente operarme, pero según la doctora que me veía en ese tiempo existe un límite para operarse: las mujeres tienen que ser pasados los 23 y los hombres pasados los 24, así que como me tocaba esperar no me afané mucho en seguir averiguando.
Llego el momento en que mi dioptría comenzó a aumentar sin parar, aún cuando usaba lentes de contacto y convencionales todo el tiempo, es decir nunca estaba sin lentes, solo cuando dormía.
Pero, como siempre, a una se le va pasando el tiempo o no falta un “sí, pero cuando tenga tiempo”, tuve que llegar al punto en el que no veía la televisión (13 pulgadas) a menos que estuviera a menos de 60 cm de distancia, eso unido al accidente que sufrí hace poco me hicieron pensar en.. ¿qué más quiero esperar?
Gracias al terrible FaceBook, volví a “reencontrarme” con una amiga de la época en la que comencé a usar lentes (casualmente ella también tuvo sus inicios por esos años) y me comentó que había sido operada por el Dr. Carlos Viacaba, de quién conozco su trayectoria, inmediatamente le pedí todos los datos y fui a su consulta.
Una semana después de haber ido al Centro Bucaral, a uno de los consultorios donde atiende Viacaba, estaba haciéndome el examen ORBSCAN (mapa topográfico para determinar si se es apto para la operación) en el Hospital de Clínicas Caracas. Estos fueron mis resultados:
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La operación es con láser y se llama Cirugía ocular LASIK. Luego de conocer todos los beneficios, ventajas y riesgos, decidí aceptar el reto de operarme, no sin antes colocarme en manos de un profesional al cual lo antecede una excelente reputación.
El día de la operación, José me llevo al HCC dejándome en compañía de Marina (con quién ya he demostrado que las buenas y las malas son mejores cuando se tiene un apoyo incondicional al lado). Pasamos a la sala donde debía tomar mi pastillita de Valium, hacer las tramites administrativos y luego bajar al S2, en ese momento llegó mi hermana mayor, Ginette. Luego nos separamos, yo baje con la enfermera y el grupo de personas a operarse y ellas bajaron a la sala donde debían esperarme.
La preparación es bastante sencilla, requisito previo ir con la cara y el cabello bien lavados, esperé en la salón previo a la sala donde se encuentra el equipo, me colocaron el traje típico de quirófano, además de la “anestesia local” en gotas y me limpiaron los ojos con povidine. En un momento empecé a sentir los efectos del calmante y de la anestesia.
Al pasar a la sala vi el equipo que es algo como este…

me acosté y seguí las instrucciones del Doctor.
Confieso que cuando llevaron mi cara hasta la máquina pude ser más rápida que el valium y quitarme de ahí, pero… después de tantos años… ¿valía la pena huir? definitivamente no!
Por mucho que me contaron la operación y con todas las explicaciones minuciosas que el Doctor me dio NADA se compara con lo que viví.
Para no caer a mentiras: no es nada fácil, ¿te imaginas NO poder EVITAR VER lo que te están haciendo? es PETRIFICANTE, pero inhalar-exhalar y convencerme de que sólo serían 15 minutos… me ayudaron a sacar la valentía que necesitaba.
Hay muchas cosas que lograron impactarme durante todo el proceso:
- La presión del aparato que logra mantener los párpados separados
- El momento en que todo queda en negro por el aparato que corta la córnea
- Cuando veía, más no sentía, como raspaban mis ojos
- El tremendo olor a quemado cuando activaban el láser
- Cuando limpiaron mi ojo luego del láser
Es claro que en el primer ojo que me operaron (el derecho) la impresión fue tremenda, pero para el segundo ya sabía que esperar.
Luego de todo el Doctor me dio unas palabras de aliento y de tranquilidad que siempre te ayudan a pasar el momento, además de las indicaciones post-operatorias inmediatas.
Mi primera impresión como persona no miope
fue estar sentada en la misma silla donde estuve antes de entrar a la sala de operaciones y poder LEER lo que decía en la puerta, si, como lo lees (valga la repetición), logre leer lo que 20 minutos antes para mi era solo una mancha en la pared…
No mentiré al decir que es algo pasajero, creo que han sido los 15 minutos más angustiantes de todo mi vida, pero justo al salir tuve la prueba de que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mucho tiempo.
Lo siguiente que hice fue buscar a Marina y a mi hermana en la sala de espera para que me llevaran a casa. Marina se quedó conmigo velando mi sueño (que fue lo único que hice ese día), ya que las primeras 24 horas son las más importantes y se debe estar en total reposo.
Al día siguiente fui a quitarme las tapas plásticas protectoras y… “Oh, maravilla” logré ver la última fila de la tablilla de letras que siempre se usan para el examen de la vista. Confieso que quise llorar pero la impresión no me dejó, solo pude pararme, sentarme en la silla frente al Doctor y escuchar como deberé actuar en la próxima semana, tres semanas y dos meses.
Amén a Dios y Amén a Viacaba… lamento haber esperado tanto por ver el mundo como es, pero estoy segura que lo hice en el momento adecuado para mi.